Resa y Lucas (2026). El fotolibro como herramienta de aprendizaje ecosocial: una investigación basada en las artes en la formación del profesorado

El fotolibro se configura como una forma de narrativa visual contemporánea en la que la secuencia de imágenes, la materialidad y la composición generan un discurso autónomo y poético. A diferencia del álbum fotográfico tradicional, el fotolibro se concibe como una obra de autor, un espacio de pensamiento visual donde el lector-espectador interpreta y reconstruye significados. En el ámbito educativo, el fotolibro ofrece un medio expresivo y reflexivo para abordar la relación entre imagen, memoria y conocimiento. Tal como plantea Eisner (2004), el arte permite a los aprendices explorar dimensiones de la experiencia que los lenguajes verbales no siempre pueden expresar. En este sentido, la creación de un fotolibro convierte al alumnado en productor de conocimiento visual, promoviendo una alfabetización artística y crítica que trasciende la mera reproducción de contenidos históricos.

Artículo original

Resa Ocio, A., & Lucas Palacios, L. (2026). El fotolibro como herramienta de aprendizaje ecosocial: una investigación basada en las artes en la formación del profesorado. Encuentros. Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico, 27, 28-42. https://encuentros.unermb.web.ve/index.php/encuentros/article/view/1473/760?utm_source=chatgpt.com

Mi lectura

Mirar la historia con otros ojos: el fotolibro como herramienta de aprendizaje ecosocial

¿Puede un conjunto de fotografías ayudarnos a comprender mejor la historia y, al mismo tiempo, algunos de los problemas ecosociales del presente?

El artículo de Ainhoa Resa Ocio y Laura Lucas Palacios explora precisamente esta posibilidad. Las autoras presentan una experiencia realizada con 47 estudiantes del Grado de Magisterio en Educación Primaria, en la que el alumnado creó un fotolibro relacionando diferentes momentos históricos con problemas actuales como la crisis climática, las migraciones, las desigualdades de género o la transformación de los espacios urbanos.

La propuesta parte de una idea sencilla pero potente: las imágenes también pueden ser una forma de pensar y de construir conocimiento. El fotolibro no se utiliza simplemente para ilustrar lo aprendido, sino como una herramienta para investigar, relacionar pasado y presente y construir una mirada propia.

Por qué me parece interesante

Me gusta especialmente que la propuesta junte tres cosas que habitualmente trabajamos por separado: historia, arte y educación ecosocial.

Al elaborar sus fotolibros, los futuros docentes tuvieron que buscar conexiones entre problemas del presente y procesos históricos. De esta manera, la historia deja de aparecer como una sucesión de hechos cerrados y se convierte en una herramienta para comprender cómo hemos llegado hasta aquí.

También me parece sugerente el papel que adquiere el alumnado. No se limita a recibir información sobre un problema: selecciona imágenes, decide qué quiere contar, establece relaciones y construye una narrativa visual.

Y hay otra idea que merece la pena rescatar: las artes no sirven únicamente para hacer más atractivos los aprendizajes. En esta experiencia se utilizan como una forma alternativa de conocer, interpretar y comunicar la realidad.

Algunas pistas para leerlo

Más que resumir la experiencia, creo que merece la pena acercarse al artículo con algunas preguntas:

  • ¿Qué puede aportar una imagen que no aporta un texto?
  • ¿Qué ocurre cuando relacionamos un problema actual con su dimensión histórica?
  • ¿Se puede crear una narrativa visual que nos ayude a mirar de otra manera aquello que ya creemos conocer?

Y una cuarta pregunta que me parece especialmente interesante:

¿Qué ocurre cuando el alumnado deja de ser consumidor de imágenes y se convierte en autor de las imágenes con las que interpreta el mundo?

Una mirada ecosocial

La propuesta conecta bien con una educación ecosocial porque invita a mirar los problemas actuales como procesos históricos y relacionales, y no como fenómenos aislados.

La crisis climática, las migraciones, las desigualdades de género o la transformación de las ciudades tienen historias detrás. Comprenderlas exige preguntarnos por las decisiones, relaciones y modelos sociales que las han ido construyendo.

El fotolibro puede convertirse así en una herramienta para hacer visibles esas conexiones y para desarrollar una mirada más compleja sobre la realidad. Las autoras destacan precisamente su potencial para trabajar pensamiento histórico, ciudadanía crítica y conciencia ecosocial.

Quizá ahí esté una de sus mayores posibilidades: aprender a mirar no solo lo que ocurre, sino también las relaciones que hacen que ocurra.

Para el aula

La experiencia puede trasladarse fácilmente a otros niveles educativos:

Un problema, seis imágenes. Elegir un problema ecosocial y construir una pequeña secuencia fotográfica que muestre sus causas, consecuencias y posibles alternativas.

Pasado y presente. Buscar una fotografía histórica y ponerla en diálogo con una imagen actual que permita identificar continuidades, cambios o conflictos.

Fotolibro del territorio. Recorrer el entorno cercano para fotografiar situaciones relacionadas con cuidados, movilidad, consumo, biodiversidad, desigualdad o transformación del paisaje y construir después una narrativa colectiva.

Para seguir leyendo

El artículo abre caminos hacia cuestiones como la investigación basada en las artes, la educación artística, el pensamiento histórico, las narrativas visuales y la educación ecosocial. Aquí tenéis varias entradas del blog relacionadas con el arte.

También puede resultar interesante explorar otras experiencias que utilizan la fotografía y las imágenes no como simple recurso ilustrativo, sino como herramientas para investigar, interpretar y transformar nuestra mirada sobre la realidad.


A veces, para comprender mejor el mundo, necesitamos aprender a mirarlo de otra manera.

JoseManuGB, setiembre 2026

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