Resumen. En el contexto de la crisis climática, este trabajo tiene por objetivo sustentar teóricamente la educación al aire libre desde la activación de una perspectiva ecosocial. La estrategia metodológica consiste en problematizar cómo los profesionales de la educación conciben y transmiten pedagógicamente eso que llaman naturaleza, y la manera en que se actualiza la conexión con la naturaleza desde un enfoque ecosocial. Para ello, primero, se delimita conceptualmente la escuela-bosque como modalidad de educación al aire libre y se pone de relieve la importancia de la conexión con la naturaleza. Después, se tematizan algunos enfoques teóricos que vienen a enriquecer la educación al aire libre en términos ecopedagógicos como son: el giro posthumano, las pedagogías salvajes, el eco-constructivismo, la pedagogía del paisaje y la perspectiva ecosocial. A continuación, se aboga por una concepción gaiana de la naturaleza, que incluye aspectos relacionales, y se plantea la tesis de que una escuela bosque con enfoque ecosocial se conjuga integrando conexiones y desconexiones respecto a la naturaleza. La principal conclusión es que, solo superando desconexiones ficticias, disociaciones y puntos ciegos, es como se puede dar cuenta de la crisis socio-ambiental en su estructura sistémica. En consecuencia, se promueve una acción educativa que combina el contacto directo con espacios naturales a través del juego para generar un sentido de pertenencia fuerte, con situaciones de aprendizaje que proporcionen una comprensión más profunda de las dinámicas ecodependientes e interdependientes.
Altuna Gabilondo, L. (2026). Integrando conexiones y desconexiones con la naturaleza. Una propuesta de educación al aire con enfoque ecosocial. Revista Internacional de Teoría e Investigación Educativa, 4, e109068. http://dx.doi.org/10.5209/ritie.109068

Mi lectura
¿Conectar con la naturaleza es suficiente?
Hay una idea que se repite cuando hablamos de educación ambiental: hay que acercar a niñas y niños a la naturaleza. Salir al bosque, jugar al aire libre, observar plantas y animales, caminar, explorar…
Pero ¿qué queremos decir exactamente cuando hablamos de «naturaleza»? ¿Y qué significa estar conectados con ella?
El artículo de Larraitz Altuna Gabilondo parte de estas preguntas para proponer una mirada ecosocial sobre la educación al aire libre y, en particular, sobre la escuela-bosque. Su propuesta resulta interesante porque no se limita a defender que pasemos más tiempo fuera del aula: invita a revisar cómo entendemos nuestra relación con el mundo vivo.
Por qué me parece interesante
Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención es la idea de que no basta con aumentar el contacto con la naturaleza.
Podemos llevar al alumnado al bosque y, sin embargo, seguir pensando la naturaleza como algo separado de nosotros: un lugar al que vamos, un escenario donde aprendemos o un recurso que debemos conocer y proteger.
La autora propone ir más allá. Desde una concepción relacional de la naturaleza, somos parte de ella y dependemos de ella. Por eso, la educación al aire libre puede ser mucho más que una oportunidad para «salir de clase»: puede ayudarnos a comprender las relaciones de ecodependencia e interdependencia que sostienen la vida (de ahí la necesidad de que nuestro alumnado no salga exclusivamente a la naturaleza, sino también al barrio, al municipio, y observe y viva las interrelaciones sociales).
Me parece especialmente sugerente la propuesta de integrar conexiones y desconexiones. No se trata solamente de generar un sentimiento de cercanía con la naturaleza, sino también de identificar las separaciones y puntos ciegos que nos impiden comprender la dimensión sistémica de la crisis ecosocial.
Algunas pistas para leerlo
Creo que merece la pena acercarse al artículo teniendo presentes tres preguntas:
- ¿Qué entendemos por naturaleza? ¿Es algo que está «ahí fuera» o formamos parte de ella?
- ¿Qué significa estar conectados con la naturaleza? ¿Es una cuestión emocional, corporal, cultural, política…?
- ¿Puede la educación al aire libre ayudarnos a comprender la crisis ecosocial o se limita a mejorar nuestra relación individual con el entorno?
Esta última pregunta me parece especialmente importante. Porque sentir cariño por un bosque no implica necesariamente comprender las relaciones económicas, sociales y ecológicas que están poniendo en riesgo ese bosque.
Una mirada ecosocial
Desde una perspectiva ecosocial, el valor de salir al bosque no está solamente en que el alumnado se encuentre mejor, aprenda de manera más activa o desarrolle una mayor sensibilidad ambiental.
Está también en la posibilidad de desmontar la separación entre sociedad y naturaleza.
Somos naturaleza. Dependemos del agua, del suelo, de los alimentos, de la energía, de otros seres vivos y también de otras personas. La vida humana no se sostiene por sí sola.
Por eso, quizá una educación al aire libre con enfoque ecosocial debería ayudarnos a pasar de la pregunta:
«¿Cómo podemos conectar con la naturaleza?»
a otra algo más incómoda:
«¿Cómo podemos comprender que nunca hemos dejado de formar parte de ella?»
Para el aula
El artículo puede abrir posibilidades muy sencillas:
Mirar: salir a un espacio cercano y hacer un inventario de todo aquello de lo que dependemos para poder estar allí: agua, suelo, plantas, microorganismos, energía, personas, infraestructuras…
Preguntar: ¿Qué cosas del lugar vemos y cuáles permanecen invisibles? ¿Qué relaciones hacen posible la vida que encontramos?
Investigar: Elegir un elemento del entorno —agua, alimento, árbol, suelo, energía— y reconstruir las relaciones ecológicas y sociales que lo conectan con nuestra vida cotidiana.
Para seguir leyendo
El artículo abre muchas puertas: escuela-bosque, pedagogías salvajes, pedagogías del Antropoceno, pedagogía del paisaje, giro posthumano, conexión con la naturaleza y educación ecosocial.
Entre otros, pueden resultar especialmente interesantes los trabajos sobre conexión con la naturaleza, pedagogías salvajes y educación ecosocial de autores y autoras como Baptiste Morizot; Michael Paulsen, Jan Jagodzinski y Shé M. Hawke; Rosa Braidotti; Bob Jickling; Sean Blenkinsop o Luis González Reyes.
Y una cuestión para llevarnos al aula —o para quedarnos pensando—:
Quizá el reto no sea conseguir que el alumnado conecte con la naturaleza, sino ayudarle a descubrir que nunca ha estado separado de ella.
JoseManuGB, setiembre 2026

