JMGB y de Guzmán Alonso (2026). ESenRED, Organizing Schools Towards Education for Climate Emergency

ESenRED (Escuelas hacia la Sostenibilidad en Red) nació en 2011 como una red de redes de centros educativos no universitarios que trabajan para situar la educación ambiental y la sostenibilidad en el centro de sus proyectos educativos. El capítulo presenta ESenRED como una comunidad de prácticas basada en la cooperación entre redes promovidas por distintas administraciones públicas y destaca algunas de sus principales iniciativas: el seminario de equipos técnicos, el simposio de docentes y la Conferencia Internacional de Jóvenes Cuidemos el Planeta (Confint).

Más allá de describir su estructura y funcionamiento, el capítulo identifica algunas claves de esta experiencia para afrontar la emergencia climática desde la educación: trabajar sobre problemas ecosociales reales y cercanos, reconocer al alumnado como protagonista de los procesos de enseñanza-aprendizaje, desarrollar proyectos de investigación-acción participativa y favorecer intervenciones reales en el centro educativo y su entorno. Estas intervenciones pueden orientarse a la mitigación, la adaptación o la comunicación frente al cambio climático.

Referencia

Gutiérrez Bastida, J. M., & de Guzmán Alonso, J. I. (2026). ESenRED, Organizing Schools Towards Education for Climate Emergency. En J. J. Conde, A. García-Vinuesa, & P. Á. Meira Cartea (Eds.), Practices in Education for Climate Emergency: Disruptive Approaches Beyond the Anglosphere (pp. 151–170). Springer, Singapore. doi:10.1007/978-981-92-2304-6_10

Hablar de ESenRED desde este blog tiene algo de especial. No es solamente una experiencia que haya estudiado o acompañado: forma parte de una trayectoria educativa en la que he tenido la oportunidad de participar durante muchos años.

Por eso, este capítulo pretende sobre todo poner por escrito algunas claves de una experiencia que puede resultar útil para pensar cómo organizar los centros educativos ante la emergencia climática. No tanto como un modelo que copiar, sino como un conjunto de aprendizajes que pueden inspirar otras formas de hacer.

Por qué me parece interesante

Porque pone el foco en la organización, no solo en las actividades.
Ante la emergencia climática es relativamente sencillo acumular actividades: una campaña, un taller, una salida, una celebración, una unidad didáctica… Mucho más difícil es conseguir que esas experiencias formen parte de una cultura educativa compartida. ESenRED plantea precisamente esa dimensión colectiva y organizativa: redes de centros, equipos técnicos, profesorado y alumnado trabajando y aprendiendo conjuntamente.

Porque convierte los problemas reales en oportunidades educativas.
La emergencia climática no aparece como un contenido que haya que añadir al currículo, sino como una realidad que puede entrar en la vida del centro y de su entorno. Alimentación, energía, movilidad, biodiversidad, residuos, agua, adaptación climática… son problemas que permiten investigar, deliberar y actuar.

Y porque el alumnado no queda reducido a “concienciarse”.
Una de las aportaciones que considero más importantes de la experiencia es la apuesta por su protagonismo. No se trata únicamente de que los jóvenes aprendan sobre cambio climático para comportarse de una manera más sostenible, sino de que puedan analizar situaciones, tomar decisiones, participar, proponer y desarrollar acciones reales.

Ahí aparece una idea que atraviesa buena parte de mi manera de entender la educación ecosocial: educar para la acción no significa enseñar al alumnado qué tiene que hacer, sino crear condiciones para que pueda construir respuestas colectivas y ejercer su capacidad de transformación.

Algunas pistas para leerlo

Quizá el capítulo pueda leerse desde tres preguntas:

1. ¿Qué cambia cuando un centro deja de trabajar la sostenibilidad como un conjunto de actividades y empieza a organizarse alrededor de ella?

2. ¿Qué tipo de participación ofrecemos al alumnado cuando hablamos de protagonismo juvenil? No es lo mismo escuchar su opinión que permitirle investigar, decidir y actuar.

3. ¿Qué convierte una actividad ambiental en una experiencia de aprendizaje ecosocial? La respuesta tiene bastante que ver con partir de problemas reales, comprender sus dimensiones, implicarse colectivamente y producir algún tipo de transformación.

Una mirada ecosocial

Hay una cuestión que hoy me interesa especialmente al releer experiencias como ESenRED: la transición educativa no se produce únicamente cambiando contenidos, sino modificando las relaciones entre conocimiento, escuela, territorio y comunidad.

Cuando el alumnado investiga un problema de su entorno y actúa sobre él, la escuela deja de ser solamente un lugar donde se aprende sobre el mundo. Puede convertirse también en un espacio desde el que leer el mundo, deliberar sobre él y participar en su transformación.

Esto conecta con una educación ecosocial que entiende la emergencia climática como algo más amplio que una cuestión ambiental. Requiere comprender relaciones de ecodependencia e interdependencia, analizar las causas sociales y económicas de la crisis, reconocer conflictos y desigualdades y desarrollar capacidades para intervenir colectivamente.

Y hay otro elemento que me parece especialmente relevante: las redes importan. Una escuela aislada puede hacer muchas cosas; una red permite compartir aprendizajes, contrastar experiencias, generar apoyo, construir conocimiento colectivo y ampliar la capacidad de acción.

Para el aula

Aunque el capítulo está centrado en una experiencia de red, algunas de sus claves pueden trasladarse fácilmente al trabajo educativo:

  • Partir de un problema cercano: ¿qué aspecto de la emergencia climática está afectando o puede afectar a nuestro centro o municipio?
  • Investigar para actuar: analizar causas, consecuencias, agentes implicados y posibles alternativas antes de decidir qué hacer.
  • Pasar de la propuesta a la intervención: diseñar una acción que tenga destinatarios, responsables, alianzas y algún efecto real en el entorno.

La cuestión no sería únicamente «¿qué podemos hacer por el clima?», sino también «¿qué podemos investigar, decidir y transformar juntas y juntos?»

Para profundizar

El propio capítulo puede ser una buena puerta de entrada para conocer mejor ESenRED y algunas de sus experiencias, especialmente la Confint, donde la participación y el protagonismo juvenil adquieren una dimensión especialmente visible.

También merece la pena acercarse a otros trabajos y recursos sobre ESenRED y Confint, porque permiten ver cómo estas ideas se concretan en centros y redes educativas diferentes.

Para seguir pensando: quizá el reto no sea añadir otra iniciativa climática al centro, sino preguntarnos qué tendría que cambiar en la manera de organizar la escuela para que educar ante la emergencia climática dejara de ser una tarea más y pasara a formar parte de su cultura educativa.

JoseManuGB, septiembre 2026

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