
Prólogo de Edgar González Gaudiano:
El presente libro tiene como motivo central la formación ecociudadana en la educación superior. Es un asunto de la mayor importancia que se incorporó no hace mucho al núcleo temático de la educación ambiental, como parte de los avances epistemológicos, ontológicos y conceptuales de este campo. Arthur Lucas propuso las categorías de la educación acerca, en y para el ambiente, en su tesis doctoral de 1972, publicada en 1979, como un fundamento que nos permitió revisar las tendencias y las aproximaciones teóricas y políticas en un momento sustantivo de construcción. Para Lucas, solo la educación para el ambiente era merecedora de ser reconocida como educación ambiental (González Gaudiano y Arias Ortega, 2009), considerando el valor del compromiso y la acción colaborativa en la prevención y solución de los problemas ambientales. Desde la educación para el ambiente hemos podido observar cómo se han venido estableciendo los puentes con otras vertientes educativas que, si bien se desarrollaron de forma paralela y no estaban específicamente vinculadas con la conservación de la calidad del ambiente, sí nutrieron otras aristas de los problemas asociados. De ese modo se fortalecieron las dimensiones cívica, ética y política, componentes sustantivos de todo proyecto educativo crítico y que las aproximaciones centradas en una concepción de ambiente equivalente a naturaleza no estaban considerando. Del mismo modo, la educación ciudadana ha migrado de una formación acerca de la ciudadanía en la que su propósito es proporcionar los elementos básicos sobre los derechos y obligaciones de las personas libres e íntegras, pero sin enfatizar la importancia de la participación activa y situada en el ejercicio pleno de los mismos. Así nació también la educación para la ciudadanía como un proceso incluyente y crítico para dotar a las personas de criterios, conocimientos y valores solidarios en la transformación de una sociedad democrática, sobre todo a partir de las aportaciones de Marshall, en los años cincuenta, quien la analizó desde los derechos civiles, políticos y sociales. A partir del debate generado con base en la propuesta de Marshall, se considera que la ciudadanía es un proceso, más que un derecho en un momento histórico determinado, lo que permite entender por qué ahora se ha nutrido con nuevas dimensiones que caracterizan las desigualdades de nuestro tiempo, como las culturales, las de género e identidad sexual y las ambientales, por citar algunas. Ha sido la fusión de estos dos campos pedagógicos, el ambiental crítico y el de la ciudadanía activa, lo que ha dado origen a la educación para la ecociudadanía, constituyendo una corriente educativa en busca de construir criterios para una participación bien informada, orientada a prevenir y actuar socialmente en una perspectiva de pedagogía éticopolítica, sobre los problemas que atentan contra nuestra calidad de vida y las posibilidades de un futuro justo y sustentable. Ha sido Lucie Sauvé la promotora incansable de esta corriente para intervenir tanto en clave local como global.
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Sandoval Rivera, J. C. y Mendoza Zuany, R. G. (coordinadores)(2026). Ecociudadanía para la educación superior. México : Universidad Veracruzana.

