
Actualmente, nuestra sociedad se halla inmersa en una crisis ecosocial de múltiples dimensiones en la que confluyen diversos factores causales y con efectos cada vez más evidentes tanto en el plano medioambiental como social y económico. En este contexto, se hace evidente el papel de la educación como vía de mejora ecosocial, siendo necesaria una educación que analice el concepto de sostenibilidad de forma compleja, crítica y transformadora, que incorpore pedagogías que empoderen a la ciudadanía y a los estudiantes y que permita avanzar hacia la conservación medioambiental, la justicia social y una economía equitativa y viable a largo plazo.
La Universidad como institución educativa y, especialmente, aquellos centros formadores de docentes, se convierten, pues, en entidades esenciales para impulsar la sostenibilidad, la lucha contra el cambio climático y los valores que se desprenden de la transición ecosocial, tal y como prevé la LOSU, Ley Orgánica 2/2023, de 22 de marzo.
En el proceso de educación para la sostenibilidad (ES) es necesario, pues, incorporar un enfoque complejo sobre la crisis socioambiental, para que la ciudadanía comprenda que la situación insostenible actual responde a problemas transnacionales y multidimensionales. Así se favorecerá la adquisición de posiciones empoderadas, críticas y participativas del buen saber y la eco-ciudadanía (Sauvé y Asselin, 2017) que permitirán cuestionar posicionamientos dogmáticos, pseudocientíficos o negacionistas de la crisis ecosocial. La introducción de los ODS y la Agenda 2030 por parte de la ONU concibe la educación como una estrategia clave y esencial, en respuesta a la realidad urgente de la problemática socioambiental. Partiendo de este prisma, la Universidad como institución educativa, y especialmente la Facultad de Educación como centro formador de docentes, se convierte en una entidad esencial para la incorporación de los ODS a su gobernanza y planes docentes. A pesar de que no está libre de controversias y voces de escepticismo por sus acuerdos utópicos y no vinculantes jurídicamente, la declaración de los 17 ODS y de la Agenda 2030 es un buen escenario para avanzar en la introducción de la sostenibilidad en la formación de maestros, conocer qué saben los futuros maestros sobre sostenibilidad y, como se ha mencionado anteriormente, introducir conocimientos, habilidades y valores de la ES en los planes docentes mediante metodologías educativas que impliquen al alumnado (García-González et al., 2020).
Pero hace ya tiempo que las voces de fracaso o decepción respecto a los resultados de la ES son diversas por no conseguir disminuir la crisis ambiental de forma exitosa (Gutiérrez, 2018). El propio autor ya destacaba la necesidad de incorporar elementos pedagógicos a la ES que permitan aproximarse a los problemas socioambientales desde un enfoque sistémico, global y con una visión crítica. Desde esta premisa, la ES debe avanzar hacia una reflexión profunda de los contenidos que incorpora, cómo se organizan y qué metodologías son las más adecuadas para hacerlos llegar a la ciudadanía. Asimismo, debe nutrirse de pedagogías transformadoras (aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje-servicio, proyectos interdisciplinares…) y establecer alianzas con colectivos y profesionales que intervienen en los contextos educativos, sanitarios, sociales, económicos y culturales para ampliar la comunidad de ciudadanos y profesionales que comprenden la gravedad de la situación ambiental planetaria, para superar el desarrollo sostenible y avanzar hacia una sostenibilidad crítica y realista.
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Calafell, G., Jiménez, G., y Esparza-Pagés, M. (2024). La educación para la sostenibilidad en
la formación inicial de docentes: las representaciones sociales del alumnado
y reflexiones para la transición ecosocial. En Calderón-Garrido, D., Sabariego Puig, M.
y Sandín Esteban, M. P. (Coords.) Educación 2022-2024. Retos, tendencias y compromisos. Monográfico: La investigación educativa como base de la Agenda 2030 y los ODS, Octaedro.

