Ricardo Luis Mascheroni es docente universitario, investigador, escritor y militante ambientalista. Trabaja para visibilizar las problemáticas ambientales desde la década del 90, cuando esos temas no estaban en agenda y los pocos que promovían su tratamiento eran tildados de “asustadores”. Seguramente por ese empeño ininterrumpido y como reconocimiento a sus aportes académicos, el 28 de diciembre de 2020 el Concejo de la ciudad de Santa Fe lo declaró “santafesino ilustre”. En diálogo con La Capital Mascheroni dispara: “La disputa en el mundo de hoy está como hace 500 años. La búsqueda de materias primas y recursos, aunque con procesos más … Continúa leyendo Mascheroni (2021): «La educación ambiental debe ser cuestionadora, rebelde y revolucionaria»
El presente trabajo surge de la necesidad de cambiar la relación del ser humano con el medio natural, siendo la educación la herramienta más útil y eficaz con la que contamos. Para ello, se ha llevado a cabo un diseño de una propuesta didáctica basada en un proyecto donde se pretende utilizar las Tecnologías de la Información y la Comunicación para crear conciencia ecológica y desarrollar actitudes positivas de protección, cuidado y respeto hacia el medioambiente, consiguiendo así una transformación social.Esta propuesta está dirigida para alumnos/as de cinco años pertenecientes al Segundo Ciclo de Educación Infantil, teniendo en cuenta sus … Continúa leyendo Montoya (2020). Educación ambiental en educación infantil. Un proyecto sostenible: “cambiar el mundo es cosa de niños/as»
Miguel Pardellas Santiago y Pablo Á. Meira Cartea. Miguel es Socio de la Cooperativa sin ánimo de lucro Feitoría Verde (miguelpardellas@feitoriaverde.com) y Pablo es profesor titular en la Facultad de CC. de la Educación de la Universidade de Santiago de Compostela (pabo.meira@usc.es). Ambos son miembros del Grupo de Investigación en Pedagoxía Social e Educación Ambiental (SEPA-interea) Nota previa de los autores: A raíz de los correos que recibimos después de la publicación de la primera versión de este artículo (https://praza.gal/opinion/a-educacion-ambiental-como-servizo-publico), decidimos revisar algún párrafo y añadir un último apartado de “política ficción”, con propuestas especificas para la incorporación de la … Continúa leyendo Pardellas y Meira (2020). LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO SERVICIO PÚBLICO (versión extendida)
As happened in other parts of the world, the strengthening of the environmental dimension in educational processes in the 1990s had its impact on the promotion of green schools in both Mexico and Spain. They have been promoted for practically all educational levels from primary schools to universities, in the latter through various strategies, among which green campuses stand out. The scope of these programs has also varied. In general, they intend to contribute to the formation of environmental values that promote, through collaborative work, comprehensive environmental management actions to achieve an environmentally responsible citizenship. In recent years there has … Continúa leyendo González-Gaudiano E.J., Meira-Cartea P.Á., Gutiérrez-Bastida J.M. (2020) Green Schools in Mexico and Spain: Trends and Critical Perspective.
La Educación Ambiental está en una encrucijada: la que determina la emergencia climática como evidencia más urgente, pero no la única, de que la civilización humana está impactando contra los límites biofísicos del planeta, incrementando el sufrimiento y amenazando su propia existencia. Cabe preguntarse si la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible serán capaces de cambiar esta trayectoria y modificar la relación directa que continúa estableciéndose entre crecimiento, bienestar social y sostenibilidad ambiental. El estado de alarma y excepción mundial generado por el COVID-19 ha irrumpido en este escenario mostrando la fragilidad estructural del capitalismo global de mercado, … Continúa leyendo Caride y Meira (2020). La educación ambiental en los límites, o la necesidad cívica y pedagógica de respuestas a una civilización que colapsa.
En este sentido, la educación ambiental debe convertirse en un sector estratégico para salir de esta crisis post-covid-19 por su experiencia contrastada, saber hacer, enfoque transformador y trabajo por la acción sostenible En diciembre de 2017, más de 15.300 personas del mundo de la ciencia redactaron la advertencia de los científicos del mundo a la humanidad: segundo aviso, en el 25º aniversario del primero, concluyendo que: «Desde 1992, con la excepción de que se ha estabilizado la capa de ozono, la humanidad no solo ha fracasado en abordar los principales desafíos ambientales enunciados sino que, de forma alarmante, en la … Continúa leyendo Cantero y JMGB (2020). NO HAY PLANETA B: APUESTA POR LA EDUCACIÓN AMBIENTAL
Creo que hay dos factores a tener en cuenta, que todavía no han llegado: la duración de la situación de emergencia y la filosofía de las medidas económicas que se tomen. Entre estas últimas, se vislumbran, por una parte, una vuelta de tuerca al neoliberalismo, capaz de adaptarse a cualquier situación y de decir que es la solución más que la causa de los problema y, por otra, unas políticas auspiciadas por una mayoría de ministras y ministros de medio ambiente, ecología o transición ecológica europeas cercanas a un Green New Deal. En tercer lugar, estaría una rotunda respuesta ecosocial ante lo que ha pasado y lo que queremos que sea el futuro, pero me temo que necesite más tiempo.
Sin estos dos importantes datos, a los que se suman entre otros, el estado de shock compartido en el que se encuentra quien esto escribe, me atrevo a intentar contestar a dichas cuestiones con una serie de conclusiones parciales, inconclusas y con más sentimiento que neurona. Y lo intento hacer desde lo que uno ha vivido en educación ambiental muchos más años de los que nunca hubiera pensado. Con todas estas salvaguardas que, espero, ayude al entendimiento de quien esto lee, comenzamos:
La educación ambiental antes de la crisis sanitaria, a mi entender, trataba de ayudar –educar– a las personas a reconocer la crisis ecosocial global que sufre la vida del planeta para que pudiesen conocer sus posibilidades de participación en la solución y ejecutar acciones ecosociales transformadoras tanto individual como, sobre todo, colectivamente.
La crisis ecosocial global no solo no ha desaparecido con la emergencia sanitaria, sino que es causa y colaboradora necesaria en el desarrollo de la pandemia. Seguimos en el Antropoceno, por tanto, el objeto de trabajo de la educación ambiental sigue ahí enfrente y nos necesita aquí, luchando, educando.
La educación se dirige a las personas y ellas están ahí, sufriendo la crisis y la emergencia, por tanto seguimos teniendo a quien ayudar.
Esta educación ecosocial que trato de desplegar en distintos ámbitos se desarrolla en fases que durante muchos años explicaba, ahora adaptado, de la siguiente manera. El progreso en la educación ambiental se da de la misma manera que lo cotidiano. Un día, te levantas y al entrar en la ducha notas que no hay agua caliente. Témpanos de hielo recorren tu piel (sensibilización o indignación). Piensas necesariamente que algo pasa, que hay un problema. Sales a ver qué sucede, si funciona la caldera, si está encendida, examinas el manual, etc. (búsqueda y adquisición de conocimiento). Ves que eres parte del problema, te hielas, pero parte de la solución, puedes hacer algo (toma de conciencia). Y, tras conocer la causa del problema, barajar distintas posibilidades y ver cuales están en mi mano (empoderamiento), realizas las tareas necesarias individualmente o con la ayuda de alguien para solucionarlo (acción transformadora individual y colectiva).
Estas son, pues, sin entrar en mucho detalle, las fases del proceso educativo en el nuevo contexto:
Indignación. Esta crisis ha sacado a la luz las aristas más duras de la crisis ecosocial global. Nuestra labor, como educadoras y educadores ambientales es desarrollar la pedagogía de la indignación (Freire), que recuerde que las personas no somos objetos de la Historia, sino también sujetos de la misma: nuestra presencia en el mundo implica elección y decisión, no es una presencia neutra. Indignarse significa afectarse psicológicamente (irritarse, enfadarse, molestarse…) contra lo que es injusto o indigno. Y las causas de la crisis ecosocial global son absolutamente injustas e indignas. “Necesitamos estar indignados, muy indignados” afirma Naomi Klein.
Conocimiento. Conozcamos las causas y las consecuencias de la problemática sanitaria y ecosocial, cómo afecta a personas y ecosistemas, cómo afecta más a una personas que a otras, qué tipos de soluciones se están implementando o proponiendo, cuáles son los agentes que participan, valoremos críticamente si las medidas son adecuadas o sólo favorecen a una parte de la población, si se está trabajando en prevención, etc.
Concienciación. Mientras la sensibilización nos acerca al problema, la concienciación es un proceso personal, ético y moral, que nos involucra de lleno en él: soy parte del problema, luego soy parte de la solución. Debo y quiero actuar.
Empoderamiento. Para poder actuar en la sociedad debo conocer mis derechos, mis posibilidades de participación, cómo hacerlo, etc. Empoderarse es adquirir la capacidad para actuar en la transformación del mundo.
Acción ecosocial transformadora. Es la puesta en práctica del empoderamiento. Es la realización de actuaciones, individuales y colectivas, que transforman realidades, que mejoran la vida de las personas, que ayudan a desarrollar vidas dignas de ser vividas.
Durante la emergencia sanitaria o al finalizarla, nos toca ayudar a arraigarnos y explorar los límites de nuestros cuerpos y los del planeta; a repensar el mundo; a aprender a sobrellevar el duelo en situaciones de confinamiento; a colaborar en el cambio del modelo de cuidados; a experimentar cómo vivir con lo suficiente; a cambiar el modelo socioeconómico por otro más justo, ecológico y democrático; a reconstruir las políticas y sistemas de salud pública; a crear modelos sociales equitativos e inclusivos; a robustecer los sistemas de protección social (protección al desempleo, garantía de ingresos mínimos o desmercantilización de la vida –salud, educación, transporte…–, protección universal…); a desarrollar la cultura del reparto, de la equidad y de la solidaridad; a apoyar políticas públicas basadas en la precaución y el cuidado; a reflexionar críticamente y diseñar estrategias sostenibles de presente y de futuro; a insistir en la relación salud–medio ambiente; a estimular el no volver a la “normalidad” sino a transitar juntos hacia el nuevo escenario por el que queremos y por el tenemos que trabajar; a reconocer los vínculos con las otras personas y con otros seres vivos (ecodependencia e interdependencia); a denunciar el greenwashing; a formar formadores y formadoras; a trabajar mejor con el azar y la incertidumbre; a distinguir entre los intereses generales y los de las grandes corporaciones.…
Y toca también, reconocer y aprovechar los aprendizajes realizados durante el confinamiento: que el sistema de producción y consumo se puede detener; la revalorización de los vínculos sociales (interdependencia), tanto familiares como de amistades; la necesidad vital de contacto con la naturaleza; la valoración de los servicios públicos y de las políticas –necesitadas de financiación en forma de impuestos–; el ajuste del consumo (ecodependencia) y la necesidad de decrecer material y energéticamente; la creación de redes solidarias para ayudar a los colectivos dependientes o vulnerables; el (re)descubrimiento del vecindario y de lo cercano; el aprecio de empleos que hasta ahora no eran reconocidos; el reconocimiento de la feminización de los cuidados; la valoración de la producción agrícola e industrial local; el vínculo entre salud y educación ambiental; la necesidad de desarrollar la resiliencia necesaria que nos permita afrontara en mejores condiciones futuras emergencias; el decrecimiento material y el posible colapso civilizatorio…
En todo caso, la educación ecosocial que viene no tendrá éxito si no se articula con los movimientos sociales, políticos y culturales más allá de las instituciones. Para ello, frente a las actuales articulaciones de competencia hay que establecer relaciones de complementariedad y de sinergia, que optimizan y mejoran las acciones de cada agente social. Estos deben compartir el diagnóstico de la situación y desde cada visión se aportan manos y propuestas a la necesaria transformación ecosocial: agroecología, ecofeminismo, sindicatos, cooperativas energéticas, ayuda a inmigrantes, soberanía alimentaria, economía ecosocial… Y no será fácil. El poder de las élites del sistema socioeconómico hegemónico es inmenso, su capacidad de adaptación y justificación a las nuevas situaciones es extraordinario y las fuerzas de la oposición radical son muy modestas.
La ley de educación debe apuntalar el desarrollo de una competencia ecosocial que, basada en el reconocimiento de nuestra ecodependencia e interdependencia, incremente la resiliencia de nuestro alumnado, de las comunidades educativas, ante nuevas emergencias, el decrecimiento material y el previsible colapso civilizatorio.
El profesorado necesita urgentemente formación y ser competente e educación ecosocial. Ello conlleva las necesarias partidas presupuestarias y equipos formativos realmente preparados.